continuación de Jaime de cristal

por maria ventura Email

En una lejana ciudad nació en cierta ocasión un niño que era transparente. Se podía ver a través de sus miembros como se ve a través del aire y del agua. Era de carne y hueso y parecía de vidrio, y si se caía no se rompía en mil pedazos, sino que, como máximo, se hacía un chichón transparente en la frente.

Se veía latir su corazón y se veían sus pensamientos, inquietos como los peces de colores en su pecera. La gente lo miraba de una forma muy rara, porque nunca habían visto un niño que naciera transparente, cuando iba a la escuela y se ponía la mochila parecía que iba andando sola y toda la gente se quedaba mirando asombrados, y así muy a menudo.

Hasta que sus padres decidieron tomar una decisión, llevarlo al mejor médico de la ciudad para que le diera algo, y curarlo, el médico le dijo que tenía que tomarse un jarabe para recobrar el color normal de un humano. A Jaime, con tal de ser como un humano, le daba igual, entonces se empezó a tomar el jarabe y poco a poco fue cogiendo su propio color. Cuando la gente lo veía por la calle ni lo conocían. A partir de ese momento, todas las chicas lo veían más guapo, y encontró una preciosa chica con la compartió el resto de su vida.

 

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